miércoles, abril 26, 2006

El peor día en la vida de Rocco fue un ocho de Abril de 1994; a Kurt Cobain no se le ocurre otra cosa que suicidarse. Rocco se enteró por la radio mientras comía alcachofas con lentejas. Pensó que lo lógico sería ponerse a llorar, pero seguro que Cobain preferiría un homenaje más insólito, algo así como abrir todas las ventanas de su casa y dejar que el mundo escuchara lo que para Rocco era la mejor canción que se haya compuesto jamás: Something in the way. Lástima que los vecinos no tuvieran el mismo gusto musical. En cierta forma ya estaban habituados a las paranoias decibélicas que de vez en cuando trastornaban a Rocco, pero aquella vez había puesto su cadena musical al máximo de su capacidad, de tal manera que el edificio parecía que iba a derrumbarse de un momento a otro.
Los vecinos fueron llegando al rellano del portal de Rocco: las viejecitas del segundo, el peluquero del primero, el estudiante de Física Nuclear del quinto y los drogatas del sexto que no paraban de desternillarse de todo ya que, al parecer, acababan de inhalar óxido nitroso. La situación no pasó de las ofensas verbales hasta que llegó allí el del tercero, un hombre divorciado, gordo, peludo y, lo que era peor, con turno de noche. Y para el del tercero, dormir era algo sagrado. Harto de todo, cogió el hacha que aún guardaba de su época de bombero y, sin mediar una palabra, comenzó a golpear la puerta de Rocco. Una de las viejecitas consideró que no era necesario llevar las disputas vecinales a tal extremo y, en un acto de valentía, empujó al ex bombero hasta hacerle caer al suelo. La mala suerte fue que el hacha empezó a volar por los aires dando varios giros hasta aterrizar en el centro de la piojosa cabeza de uno de los drogatas. El trágico instante coincidió con el final de la canción, lo cual hizo pensar a casi todos si aquello realmente estaba sucediendo o si acaso era un sueño. El periodo metafísico no duró más que los segundos que tardó Rocco en rebovinar su compacto hasta el principio de la canción.
El problema de un problema es saber quién es el causante del problema. En estas discusiones internas andaba el hermano drogata del drogata muerto hasta que decidió liarse a mamporros con todos.
Mientras tanto, nuestro amigo Rocco, ajeno a los refriega que se libraba al otro lado de su puerta se puso a escribir el epílogo de su vida. Decía así:
“Es mejor quemarse que apagarse lentamente”.
A Rocco nunca le gustaron los grandes discursos y pensó que Cobain estaría orgulloso de él si leyera la desgarradora belleza de estas frase y si supiera que la había escrito con su propia sangre. Ya sólo le faltaba suicidarse. Como nunca antes lo había hecho, optó por la necia solución de tirarse desde el sexto piso hasta el patio interior. Allí, los vecinos del edificio de enfrente, escandalizados por tanto ruido, asomaban por la ventana tratando de cotillear un poco.
- Buenos días, vecino. ¿Celebrando el cumpleaños?
La voz de Mariló es la más potente voz de pito que uno pueda escuchar en el mundo y quién sabe si del resto del universo. Destrozar tan transcendentales momentos de conexión entre la música, la vida y el suicidio por culpa de la chismosa más desagradable y babosa que conocía no le gustó nada a Rocco.
Y bajo el criterio de una vez muertos no hay dolor, Rocco cogió la recortada y pegó un tiro a la vecina o, al menos, eso pretendió. Porque todo hubiera sido distinto si Dios hubiera dotado a Rocco de mejor puntería. Por desgracia o por fortuna, nunca llegaremos a saberlo, los cartuchos fueron a parar al pecho del hijo de un teniente coronel ya jubilado, que viendo a su hijo agonizando y sin parar de escupir sangre, decidió revivir la Segunda Guerra Mundial en aquel patio interior.
El teniente había esperado durante muchos años la llegada de un momento como este, no me refiero a la muerte de su hijo, que aunque era un cabrón insumiso y le guardaba cierto rencor, al fin y al cabo, llevaba su misma sangre y, qué carajo, le quería. Lo que el teniente había esperado es a un enemigo real, de carne y hueso, como los de la Segunda Guerra Mundial. Al teniente le hubiera gustado luchar contra el Gobierno, contra Hacienda, contra los comunistas, contra los americanos o contra las drogas. Pero estos enemigos eran engañosos, inexactos, ambiguos, y desde el sofá de su casa lo único que podía hacer era maldecir y tragarse soplos de impotencia. Y gracias a Rocco tenía la oportunidad de vengar no sólo la muerte de su hijo, sino también la de todas las injusticias.
Así que antes de que Rocco pudiera tirarse balcón abajo, se encontró con una granada de mano a unos centímetros de sus pies. Y suicidarse es una cosa, pero que te maten es otra bien distinta. Rocco no estaba dispuesto a permitir que un viejo cascarrabias acabará con su vida, sería demasiado ordinario. De modo que recogió la granada y la lanzó dirección teniente coronel. Esta vez la suerte quiso que la granada fuera a parar a los pies de Mariló. Mientras Mariló moría como vivió, gritando, la M-123 del teniente comenzó a escupir balas como una M-123.
Durante este tiempo, el hermano drogata del drogata muerto concluyó que el verdadero culpable de todo no era otro que Rocco. Es entonces cuando dejó de dar mamporros y soltó una arenga digna del mismísimo Fidel que despertó los demonios más ocultos de cada uno de los vecinos. Con el hermano drogata del drogata muerto, llamémosle Fidel, como cabecilla, los vecinos echaron la puerta abajo con la fijación de descuartizar a Rocco en sus mentes.
Sonaba por quinta vez el “Something in the way” cuando los vecinos encontraron a Rocco agazapado tras la barricada, abrazado a su recortada como si de su novia se tratara. No era una posición muy heroica, no, pero sí inteligente ante las ráfagas de metralla que llegaban de enfrente. Y en una de ellas, Fidel, en una posición muy heroica pero bastante estúpida fue abatido. Al menos, murió de pie. Lo que no sabremos es si vivió de rodillas.
La muerte de un líder, aunque sea efímero, nunca queda sin venganza por parte de sus discípulos, y la comunidad de vecinos no iba a ser menos. Dejaron atrás la idea de descuartizar a Rocco y comprendieron que el nuevo y verdadero causante del problema era un viejo loco con una M-123. En unos minutos comenzaron a llegar allí escopetas de caza, ballestas, pistolas de agua llenas de lejía, todo tipo de hondas y cuchillos, muchos cuchillos. El del tercero, viendo que aquello podía no ser suficiente, trajo un enorme martillo y tiró una de las paredes del salón de Rocco. OH, las piedras, de alguna manera se sentía identificado con los palestinos; tirar piedras le parecía una forma tan romántica de hacer la guerra, tan llena de símbolos.
Y Goliat era el viejo y lo tenía todo a su favor: armamento, experiencia y soldados de elite a su disposición. Sí, el teniente, advirtiendo que su enemigo no era tan lerdo como creía, decidió pedir refuerzos a su División Azul. La mayoría estaban en el asilo comiendo papillas de verduras y pollo cuando recibieron la llamada. No tardaron en llegar. El teniente les puso al corriente de la situación, dio órdenes precisas y repartieron armas y municiones.
-¿Dónde está el comandante Gangoso?
-Viene hacia aquí, señor.
En efecto, el comandante Gangoso, miembro del escuadrón de la Muerte durante la Segunda Guerra Mundial, se dirigía con su B-52, que guardaba como una reliquia para un momento así, hacia el edificio del teniente, de su teniente.
Al parecer, el bando de la División Azul tenía todas las de vencer en el envite, pero los drogatas empezaron a calentar un poco de crack en papel de plata y bastaron unas pocas aspiraciones para que aquella apariencia se esfumase. Los gritos de euforia y cánticos de guerra que salían de la casa de Rocco, extrañaron con enormidad al viejo teniente. Hubiera pensado que no era más que una estratagema de aficionados si no fuera porque las viejecitas, en pleno éxtasis, habían abandonado sus ropajes y al grito de “¡somos indestructibles!” y una braga en cada una de sus cabezas desafiaban a toda una División Azul. Aún así, el teniente no dudo en acribillar a las viejecitas. Mientras, en el cielo, un helicóptero de una cadena de televisión hacía el mejor vuelo de su historia. ¡Menudas imágenes! Lo malo fue cuando el ex bombero, también bajo los efectos del crack, confundió el helicóptero con un dragón volador de siete cabezas y se lió a escopetazos con él hasta que consiguió derribarlo.
El teniente de policía viendo que la situación escapaba de su control, si es que alguna vez estuvo controlada, ordenó actuar a las fuerzas especiales mientras se juraba a sí mismo comprarse un terrenito en Alaska e irse a vivir allí al día siguiente.
La intervención de las fuerzas especiales fue rápida y contundente cien por cien, mataron a todos, hasta a los inocentes.
El último en llegar al lugar de los hechos fue el teniente Gangoso con su bombardero. Habían pasado ya unos minutos desde que había perdido el contacto por radio con sus camaradas y se temía lo peor. El teniente de policía, que ya estaba en tierra, pensó que era un avión del ejército y no le dio ninguna importancia hasta que el comandante Gangoso ametralló a los tres helicópteros de televisión que rondaban por allí. Obnubilado por los placeres que da la venganza, comenzó a bombardear a todo bicho viviente que encontró en tierra. El pánico se adueño de la ciudad y en apenas unos minutos no había lugar que no fuera un auténtico caos. Los más avispados aprovecharon la coyuntura para robar bancos, tiendas, muertos... El comandante Gangoso fue derribado a la media hora, consecuencia provocada por un F-14 de las fuerzas especiales. La ciudad tardó un mes en recuperar la normalidad.
Tal y como se lo prometió, el teniente de policía compró un terreno en Alaska. La pena fue cuando dos meses después sus 500 metros cuadrados comenzaron a descongelarse hasta desaparecer por completo en unos días. El teniente murió congelado, no se sabe si por culpa del frío o del efecto invernadero.

3 Comments:

Blogger Col.George Taylor said...

Joder,que largo tio...Tambien el peor dia de mi vida fue el 8 de abril,pero no se lo dije a nadie porque enseguida empezaron a proliferar los que llamabamos post-mortem,seguidores del Cobain muerto,que solo tenian el unplugged y el Nevermind pensaban que era el primer disco...
Me parecia a Kurt y eso empeoró las cosas...Joder lo pasé fatal y tuve que dejar de llevar mis camisetas de Nirvana porque estos post mortem me confundian con ellos y siempre acababa insultandoles directamente

5:46 a. m.  
Blogger Jorge said...

dr frank...eres un cúmulo de sorpresas. Ten cuidado no vayas a formas una galaxia.

6:03 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

He leido en otro blog que llevas años practicando sueños lúcidos, telepatía, viajando por universos inconcebibles para nosotros, conectado a la supermente galáctica y al inconsciente terrestre y extraterrestre, siendo fumado por plantas, cactus… con años luz de existencia, sabias, peligrosas, metiéndote en los sistemas nerviosos de los suicidas, las madres, los moribundos...

Podrías hablarnos más del tema???

He intentado entrar en tu blog pero lo has restringido solo para invitados.

9:15 a. m.  

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